jueves, 29 de julio de 2010
flash
destellos, imágenes entrecortadas, estoy sentada detrás, conducimos del aeropuerto a casa, llego yo sola, estaís Adele y tu, nos incorporamos a las salida de fuente, sólo eso, río y estoy feliz.
miércoles, 22 de julio de 2009
Petit Papa Noel
Sentadas en un Vips tras haber saciado nuestra hambre con una contundente hamburguesa, mi madre y yo empezamos con una de esas deliciosas charlas que evocan viejas historias, pequeñas nostalgias que aún hoy en día pellizcan el corazón con recuerdos de otros tiempos. Y es que los Vips, por alguna razón que no entiendo, acaban siendo testigos de charlas, conversaciones e incluso disputas con bastante trascendencia. Mi madre empezó a hablarme de sus primeros años de vida y yo poco a poco iba tirando del hilo para saber más y más sobre aquellos años de la vida de mi madre, de mis abuelos, de mis bis abuelos, de una Europa de posguerra… Hasta dar con una pequeña y dulce anécdota que nos arrancó una llantera entre el postre y los cafés. Mi madre me contó la historia de mis abuelos (no me canso de escucharla), mi abuelo estudiaba en Berna y mi abuela recién llegada desde Alsacia comenzó a trabajar de peluquera en Neuchatel. En una escapada de fin de semana a las fiestas de la vendimia, un joven suizo, bastante apuesto, se fue con unos amigos a la bella Neuchatel. Al parecer fue un flechazo. Mi abuelo desde entonces bajaba cada fin de semana a estar con ella y a los pocos meses sucedió. Marie France estaba en camino. Inquietados y algo asustados los jóvenes, tan sólo tenía 19 ella y 17 él, no sabían bien qué hacer. Él estaba en el primer año de carrera y ella apenas tenía dinero para el día a día. En el quinto mes de gestación la joven Marcelle le escribió una carta a sus padres contándoles la situación sin saber bien qué esperar. A las pocas semanas recibió la respuesta: ellos se harían cargo del bebé hasta que ellos pudieran mantener una familia. Y así fue, Marie France nació el 14 de julio en Neuchatel y a los pocos días se fue a vivir con sus abuelos a Alsacia. Los abuelos que hace unos años fueron bastante estrictos con Marcelle, con Marie France, ya como abuelos se derritieron en ternura y la cuidaron como si fuera suya. La niña apenas vio a sus padres dos veces al año. A los cuatro asistió a su boda, pero siguió viviendo con sus abuelos hasta que, un año más tarde, Marie France se fue a vivir con sus padres. Mi madre me cuenta que su Memere, ya cuando era mayor, le decía que las dos sentían tanta tristeza cuando tenían que separarse en la estación de trenes que parecía que iban a ser arrojadas a la vía del tren. En fin esto iba a ser sólo una pequeña anécdota. Y aquí viene. Una tarde de domingo Marcelle cogió a la pequeña y delgadita Marie France y la sentó sobre una pila de libros apoyados en el aparato de radio, y le dijo que escuchara atentamente… Unas canciones más tarde escuchó las palabras del locutor… (en francés ya que ella aún no hablaba alemán) “Esta canción es para Marie France de parte de su Memere que la quiere mucho y que la echa muchos de menos y le manda muchos besitos…” y entre el asombro y la incredulidad de la niña empezó a sonar Petit Papa Noël. Entre lágrimas le preguntó a su madre que si era para ella. Claro que sí. Y mi madre al recordar lo que sintío no pudo evitar emocionarse y empezó a tararear el villancico y yo para entonces ya tenía encogido el corazón y lloramos unas dulces lágrimas.
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